27 mayo 2025
Una de las lecciones que los analistas de las fuerzas armadas de todo el mundo han aprendido en el campo de batalla ucraniano es la necesidad de contar con armas capaces de interceptar drones, incluso enjambres completos de ellos, a un coste mucho más bajo del habitual hasta ahora. La incalculable diferencia económica entre una de esas aeronaves no tripuladas, como las que tiene España, y el misil encargado de derribarla ha puesto en jaque las economías de guerra tanto de Ucrania como de Rusia, aunque este escenario también puede replicarse en el caso de los cohetes que Hamás lanza hacia Israel desde la Franja de Gaza.
Hace unos meses, Ucrania anunció el despliegue del sistema Tryzub de energía dirigida —como se conocen a este tipo de sistemas antiaéreos— con el fin de lidiar con ataques aéreos rusos a un coste ínfimo si se compara con los misiles interceptores tradicionales. Reino Unido también cuenta con un programa similar, denominado DragonFire, capaz de neutralizar amenazas aéreas por 10 euros cada disparo, en lugar de los más de 100 millones que puede costar un misil convencional para tal fin.











