31 marzo 2026
En el Palacio de Congresos, la ciencia dejó de ser este lunes, 30 de marzo, un concepto abstracto para convertirse en una experiencia viva, cercana y completamente participativa. El espacio, habitualmente marcado por el tránsito y la formalidad, se transformó en un entorno de exploración constante, donde las familias se detenían, observaban y participaban. Entre el murmullo de las conversaciones, las preguntas espontáneas de los niños y la sorpresa compartida por los adultos, dos talleres se convirtieron en el centro de todas las miradas: uno dedicado a la luz y otro a la creación en tres dimensiones con lápices 3D.
El taller científico sobre la luz (Selene), dirigido a niños de entre 3 y 7 años —con adaptaciones que ampliaban su alcance hasta los 11—, propuso una forma distinta de acercarse a la ciencia: sin barreras, sin fórmulas cerradas y a través de la experiencia directa. La luz, normalmente invisible en su complejidad, se convirtió en protagonista de juegos, demostraciones y descubrimientos. Los participantes exploraron el espectro visible y los fenómenos que permiten percibir el mundo, acercándose de manera natural a conceptos como la reflexión, la propagación de ondas o la descomposición de la luz en colores.











